Mary y Ximena - Escena del capítulo 42

 Esta es la versión sin censura de los sucesos ocurridos durante el capítulo 41 :3 


Los besos subieron de intensidad, y entonces Mary se quitó el brasier con un rápido movimiento sin apartar los labios de su novia. La prisa en sus manos contrastaba con la sonrisa coqueta que se dibujaba en su rostro, que era una mezcla de lujuria o seducción. La maestra dejó escapar una pequeña risa, sujetando las manos de Mary contra la cama para evitar que se moviera. Sentía los pechos de la chica desnudos contra su torso. Sus manos la soltaron y se deslizaron lentamente por sus costados hasta llegar a los bordes de la tanga.

Tras quitarle la pequeña prenda, la mujer dejó caer su cabello hacia adelante y le hizo cosquillas en el vientre. Mary rió mientras la maestra le abría las piernas, y en ese momento, a Ximena le pareció que nunca había visto algo tan sexy. La piel blanca, su cabello rubio esparcido sobre la almohada, la forma en que sus ojos brillaban con deseo y pasión, todo en ella era encantador. Se encontró perdida en la sensualidad de la joven y deseó poder detener el tiempo para apreciarla un rato más.

Mary acarició los costados de Ximena hasta detenerse en sus caderas. El vestido se había subido un poco, dejando sus piernas expuestas ante ella. Ximena entendió que ya era el momento de desnudarse, y así lo hizo, con rapidez y una mirada de ardiente apetito.

Los dedos de Mary se movieron por los muslos de la maestra, acercándose a su concha mojada, pero sin llegar a tocarla. La mujer se agitó ante el contacto, pero no se apartó. En cambio, se acercó más a la chica y presionó su cuerpo contra el suyo mientras sus lenguas se enredaban en un baile ardiente de saliva.

Ximena sintió un escalofrío recorrer su columna al sentir la suave piel de Mary rozando la suya. Era una sensación tan intensa, tan excitante, que casi la hizo perder el control. Pero en lugar de eso, se concentró en el momento presente. La forma en que sus cuerpos se movían juntos, la forma en que sus labios se encontraban y se separaban, sus lenguas que jugaban.

La chica jadeó cuando la otra le mordisqueó el labio inferior. Mary abrió la boca, permitiendo que su maestra deslizara su lengua dentro de ella. Sus manos se movieron de las caderas de Ximena hacia sus nalgas, apretándolas con fuerza y amasándolas.  A pesar de ser consciente de la diferencia de edad entre ellas, disfrutaba de la sensación de ser dominada por Ximena, quien era una mujer más experimentada y sabía exactamente cómo tocarla y besarla para llevarla al éxtasis.

El coño de la chica humedeció. Un lubricante natural que salió cuando se la maestra se movió sobre ella, rozándole como si estuviera cogiéndola con una polla invisible. Sus pequeños pezones se endurecieron y sus tetas de adolescente se movieron con cada embestida.

—¡Sí! ¡Así, amor! ¡Dios…!

Ximena le sujetó el cabello al tiempo que le besaba la garganta, para después bajar hacia las puntas de sus pechos. No le importaba que Mary los tuviera más pequeños que los de ella. Esas curvas delicadas eran un atributo que la hacía ver como la frágil chica que era. Una niña apenas saliendo de la adolescencia, ansiosa por vivir y aprender.

—Qué cosa más rica —susurró la maestra a los oídos de su alumna.

Ximena se apartó y sonrió. Dejó que Mary la viera en todo su esplendor, con sus grandes senos duros, su cabello castaño sobre sus hombros y los ojos ardientes de lujuria.

—¿Te sientas sobre mí o qué? —Preguntó Mary, mordiéndose el dedo índice.

La mujer se apartó y se sentó lentamente sobre la cara de Mary. Su concha, a centímetros de la boca de su alumna, pareció abrirse y verter sobre ella el delicioso néctar que surgía. Mary no dudó en sumergir su lengua en los jugos de su maestra, succionando con avidez como si fuera una cría hambrienta. Ximena jadeó y se balanceó sobre la cara de Mary, con su coño temblando mientras sentía que se acercaba al orgasmo. Con cada movimiento, la lengua y la boca de la chica quedaba empapada de sus jugos vaginales.

Sin perder un momento más, Ximena se enredó también entre las piernas de la joven para formar un 69. Ambas lamían y chupaban de sus conchas. Las manos de Mary se ocupaban de mantener abierta la vagina de Ximena para meterle la lengua, y la otra hacía lo mismo. El sabor era una mezcla de dulce y salado, una embriagadora combinación que las dejaba ansiosas por más. Los jadeos llenaban la habitación como un coro de placer, combinado con el sonido de sus lenguas lamiendo y saboreando.

Sabiendo que esa noche iban a darse el gusto, ambas tenían los coños depilados, y dejaban al descubierto pliegues rosados y húmedos. La boca de Mary se abría y cerraba alrededor de la concha de su maestra, explorando cada rincón al tiempo que sus dedos se metían por esos pliegues mojados. Ximena disfrutaba mientras su pequeña  la comía. Tenía sus manos enredadas en los muslos de la muchacha y notaba cómo se agitaba al ritmo de sus caricias. No podía resistirse al ritmo de esa experta lengua y pronto se encontró al borde del orgasmo.

Cuando llegaron, sus cuerpos temblaron y se sacudieron con la fuerza del placer. Fue intenso para ambas, una liberación que las dejó exhaustas y satisfechas, pero deseosas de más. Se quedaron abrazadas, con sus cuerpos enlazados e intentando recuperar el aliento. Sus coños aun palpitaban y sus labios estaban hinchados con sus besos; pero no había nada más que decir. Solamente el sonido de su respiración y el latido de sus corazones llenaban la recámara.

—¿Quieres… un poco más? —Preguntó Ximena, cuyo cuerpo todavía estaba en fuego—. ¿Algo más rico?

—Cómeme el coño ¿Sí?

Ximena se colocó entre las piernas abiertas de la joven y su aliento cálido rozó la sensible piel de ella. El coño de Mary estaba expuesto con una visión tentadora que le hizo tragar saliva. La maestra comenzó a lamer la estrecha abertura. La lengua se movía en círculos lentos y sensuales. Los gemidos de la chica llenaron la habitación, colmándola del placer y haciendo que jugara con sus pequeñas tetas. Sus manos pellizcaban y retorcían sus pezones. Era un espectáculo que Ximena no podía dejar de ver mientras le chupaba la vagina. Su lengua se deslizó hacia el clítoris y siguió sorbiendo el pequeño botón de placer. En esta ocasión, los quejidos aumentaron su intensidad, dejando a Mary con un mar de deliciosas sensaciones. Podía sentir la boca en su coño, la lengua de la maestra retorciéndose dentro y fuera de ella como una sensación abrumadora. La piel de Mary era suave y sedosa bajo sus labios, no como su lengua resbalosa y larga.

Cuando volvieron a llegar al orgasmo, sus cuerpos se quedaron pegados. Ximena cubrió la vagina de la chica con su boca y esperó esa liberación de tensión. Quedó agotada de nuevo. Muy satisfecha. Abandonó esa zona, dejó que la joven se quedara junto a ella, acurrucada por un rato mientras el placer seguía circulando por sus nervios.

—¿Ahora sí tuviste suficiente? —Preguntó la chica.

—Sólo por un rato —sonrió la maestra, dándole una serie de besos en la frente.

 

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